Economía Colaborativa y México

Economía Colaborativa y México



Nelly Ramírez Moncada 
Especialista en Economía Colaborativa

 

Nos referimos a la inmensa cantidad de personas que están compartiendo oficinas, equipos de trabajo, herramientas, automóviles, bicicletas o espacios de estacionamiento; alojando a extraños en su casa; haciendo préstamos o financiando proyectos de emprendimiento de desconocidos; recibiendo comida casera preparada por extraños; intercambiando habilidades y conocimiento, o acompañándose en viajes largos para compartir gastos.

En algunas ciudades, muchos municipios están compartiendo terrenos baldíos para producción agrícola, edificios inutilizados están siendo arrendados para tiendas temporales (pop up shops) y alrededor de cinco millones de personas comparten su sofá con viajeros que pululan por el mundo como exploradores (couchsurfing), al punto de que ya hay algunas ciudades, como Seúl, en Corea del Sur, que han hecho esfuerzos para denominarse ciudades colaborativas.

Para darnos una idea del tamaño y la escala de disrupción de este tipo de economía, según estudios de PricewaterhouseCoopers (pwc), dentro de 10 años, los cinco sectores más importantes de la economía colaborativa (préstamos de persona a persona, alojamiento, compartir vehículo, contratación virtual y transmisión de música y video) generarán más de 50% del total de los ingresos mundiales, frente al 5% que representan actualmente. Una de las empresas más emblemáticas, Airbnb, hospeda en una sola noche a más de 425,000 personas en casas de desconocidos y tiene presencia en más de 34,000 ciudades de 191 países, 22% más que lo que hospeda la firma Hilton a nivel mundial. pwc calcula que esta economía llegará a representar en ganancias globales más de 335 billones de dólares para el año 2025. En Estados Unidos, 44% de la población está familiarizado con este tipo de economía y 19% de la población adulta ha interactuado de alguna forma con ella; de éstos, más de 80% dice que le ayuda a que la vida sea más costeable y conveniente.
 


Existe una gran oportunidad para México de
ser un referente en el desarrollo de políticas
públicas, normativas e investigaciones
sobre este nuevo modelo económico.



En México, Nacional Financiera realizó, a nivel regional, el primer estudio para conocer el nivel de penetración de este tipo de economía en el país, con hallazgos sumamente relevantes. Por ejemplo, se encontró que, a nivel nacional, 15% de la población de los niveles socioeconómicos A, B, C+ y C es entusiasta del fondeo colectivo. En el caso del intercambio entre pares de bienes subutilizados en el ámbito de movilidad, alojamiento y servicios, 25.8% de la población indica ser entusiasta de utilizar este tipo de plataformas y 23.6% indica tener un entusiasmo moderado. Es claro que no estamos ante una moda pasajera sino, más bien, ante un cambio real en los patrones de consumo en la clase media mexicana.

En diversos organismos financieros internacionales se han creado divisiones especiales para estudiar el tema. Es así que el Foro Económico Mundial tiene un grupo especial sobre economía colaborativa en su foro de economías circulares, y en múltiples dependencias de gobiernos se han creado instancias para estudiar cómo fomentar y regular coherentemente sus variadas formas de operar. El alto crecimiento y su potencial impacto en promover el espíritu emprendedor y desencadenar una ola de innovación, en particular sobre la clase media, nos habla de la urgencia de tomar en serio el tema.

El camino aún es largo y esta es una gran oportunidad para México de ser líder en la región y ser un referente en el desarrollo de políticas públicas, normativas e investigaciones sobre este nuevo modelo de consumo.
 

NAFINOTAS, NÚMERO 726 - AÑO 44 - AGOSTO 2018, PÁG. 22.